IGUALDAD DE OPORTUNIDADES EN LA EDUCACIÓN, ¿VERDAD O QUIMERA?

 

La presente investigación se realiza en el proceso de titulación para optar al grado de Magíster en Educación. 

La idea central del estudio es trabajar con el concepto de Código Lingüístico de Basil Bernstein (1973, 1994), lectura que trae a colación un hecho estructural tal como el uso del lenguaje, y la repercusión del mismo en el rendimiento escolar y finalmente en la estratificación de clase.

A partir de las categorías de código lingüístico elaborado y restringido, se da cuenta de cómo aquellos niños que son socializados en un ambiente o en otro (Bernstein habla de clase obrera, versus clase media o alta), tendrán una disposición y orientación diferente hacia el plano educativo (aparecen claras similitudes entre esto y la teoría del capital cultural de Bourdieu). En síntesis, el uso del código lingüístico, entendido por Bernstein como aquellos principios que regulan los sistemas de significados al momento de la elaboración de los mensajes, permitirían establecer diferencias al momento de comprender los contenidos impartidos por la educación formal.

Muy resumidamente esta teoría señala que las personas de clase obrera se mueven en un código (restringido) que no es propicio para la elaboración y comprensión de ideas abstractas, además de basarse en la emisión de enunciados particularistas, donde el emisor del mensaje, asume que el receptor siempre se mueve en el mismo sistema cultural (un buen ejemplo de ello es el dialecto de las cárceles denominado “coa”).

Con estas premisas, se desarrollo una investigación en terreno que incluyó la realización de un grupo focal, así como la aplicación de diez entrevistas en profundidad, con niños de 7° y 8° básico, de escuelas municipales, de la Población La Bandera. 

En todas estas instancias, se pudo constatar lo “anclado”  que puede quedar un niño a un determinado código lingüístico, y las diferencias en el rendimiento que esto termina provocando. 

En el estudio participaron niños pertenecientes a sectores altamente vulnerables y estigmatizados, pero también lo hicieron niños de sectores no tan precarizados, incluyéndose a algunos de clase media baja. La diferencia entre estos niños en términos de la claridad para expresar ideas así como en el rendimiento escolar fue notoria, lo que contribuye a corroborar los planteamientos de Bernstein (y de Bourdieu). 

Finalmente estos planteamientos se engarzan con lo señalado por el francés Francois Dubet (2005), en orden a cuestionarse por la eficacia e incluso por la veracidad de la tan bullada “educación compensatoria”. Dubet llega incluso a preguntarse por qué un sistema social inequitativo, debiese tener resultados equilibrados en la educación, más aún, se plantea la real intensión detrás de todas las políticas tendientes a “compensar” la inequidad dentro del sistema educacional. Dubet  llama la atención acerca de que, como sociedad democrática, necesitamos creer en la idea (quimérica según él) de la igualdad de oportunidades, pues esta es el alma de la concepción de democracia imperante en nuestras sociedades. Para este autor, la igualdad meritocrática sólo sería una forma de disfrazar todo el conjunto de inequidades producidas por el sistema social, para de esta forma, legitimar los resultados de una competencia desigual desde su origen (literalmente desde la cuna), generando, al decir de este autor, una “desigualdad justa”, cuya justicia estaría dada por el concurso mismo, por el test, la prueba estandarizada (PSU, SIMCE, etc.), la que al ser igual para todos, “garantiza” la inocuidad y justicia de los resultados.

 

Autores: Rodrigo Meza

 

PALABRAS CLAVES:

 

Corresponde al Simposio: Memoria, Derechos Humanos y Pensamiento Crítico, a 40 años Del Golpe de Estado en Chile